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Entrevista
“Debemos aprovechar los 100 años de la reforma de Córdoba para hacer un cambio cualitativo"
Renato Dagnino, profesor titular del Departamento de Políticas Científicas y Tecnológicas en la Universidad de Campinas, reflexiona sobre los desafíos de hacer tecnociencia en América Latina y sostiene que hay que incorporar la extensión la currícula de todas las carreras.

¿Es posible hacer ciencia y tecnología de manera soberana para los países de América latina?

Para empezar deberíamos hablar de "tecnociencia" y no de ciencia y tecnología, porque si algún día hubo esa separación, hoy ya no existe. En mi entender, esa separación entre ciencia y tecnología es una construcción ideológica para hacer que la sociedad crea que existe un conocimiento científico neutral, no contaminado por valores, y una tecnología que sí puede utilizar ese conocimiento para el bien o para el mal. Y eso no es verdad, sobretodo cuando la dinámica tecnocientífica global está claramente dominada por las empresas con finalidades de ganancias, donde las investigaciones de desarrollo militar son fundamentales y donde no hay ninguna preocupación con la cuestión ambiental.

El nacional desarrollismo de los años 50, 60, 70, basados en una cierta autonomía de una protección del mercado interno para la sustitución de importaciones que palanqueaba al empresario nacional, es parte del pasado. Todos los sectores con alguna intensidad tecnológica que pudieran producir algo en la universidad ya están copados por las empresas transnacionales, que tienen su propia dinámica de producción de conocimiento.

Entonces: ¿cuál es el rol de la universidad en ese momento?

Lo que hacemos no interesa a la clase propietaria, somos disfuncionales. La clase dominante no nos quiere y la clase dominada ni siquiera sabe que nosotros existimos.

En Brasil, por ejemplo, entre 2006 y 2008 formamos 90 mil maestros y doctores en ciencia dura y a pesar de que fue un buen momento económico, solo fueron contrartadas 68 personas. En Estados Unidos, la mitad de esa gente, o sea 45 mil, hubiesen sido contratadas por las empresas. ¿Y por qué? Porque son atrasados los empresarios los empresarios brasileños? Es una cuestión de la condición periférica, nuestro modelo eurocéntrico, nuestra dependencia cultural hace que todo lo que se produce acá ya era producido antes en el norte.

Jorge Sábato decía claramente que hay tres buenos negocios con la tecnología: robar, copiar y comprar. Y ningún país, y ninguna empresa va a desarrollar tecnología si puede robar, copiar y comprar. Si todo lo que se produce acá ya tiene tecnología: ¿cuál es la actitud racional y reprochable del empresario? Robar, copiar y comprar. Y eso está muy claro en las encuestas que tenemos. En las encuestas de innovación, las empresas que innovan, el 80 por ciento de las empresas que innovan en Brasil cuando les preguntas cómo usted innova, yo innovo comprando equipo. Nuestra demanda es inequitativa y eso hay que entenderlo. Y otra cosa que hay que entender es que lo que nosotros hacemos en la universidad, el resultado de la investigación , no tiene importancia para la empresa. Hay que desmitificar esa idea de las incubadoras, de los polos, etc, porque eso no tiene ninguna importancia.

En universidad de Campinas, donde trabajo, los contratos con las empresas para investigación representan el 0,05 por ciento del presupuesto, lo que quiere decir que en países como los nuestros esperar que las empresas vengan a nosotros a financiar proyectos para que de esa forma podamos tener alguna holgura financiera es una mentira.

-Y en este contexto que Ud plantea: ¿ cómo definir los criterios de investigación de quienes hacen tecnociencia en las universidades?

Primero: ¿nosotros somos universidades privadas o públicas? Si somos universidades privadas tenemos que hacer lo que nos da la gana, pero si somos universidades públicas, entonces tenemos que trabajar para el público. Segundo: es fundamental que nosotros traigamos para la universidad un debate; y más que un debate un combate con la posición hegemónica que cree que la universidad no tiene una responsabilidad en lo que atañe a la investigación.

La investigación en nuestras universidades es mimética, es imitativa. Nosotros importamos una agenda de investigación y también una agenda de docencia que es una agenda que no es nuestra. Nosotros formamos gente para una empresa que no existe acá, tanto es así que las empresas no se interesan por lo que hacemos, no contratan a nuestros doctores. Esa dependencia cultural, ese modelo eurocéntrico hace que nosotros tengamos una empresa que no nos necesite. Sin embargo, hay problemas conectados a las necesidades de la mayoría de la población, a nivel ambiental, a nivel de casi todas las políticas públicas inclusivas, para los cuales hay que desarrollar conocimiento, porque el conocimiento que existe en las empresas multinacionales no sirve para eso. El potencial de investigación y de docencia nuestro es muy elevado, sin embargo está desocupado porque los problemas sobre los cuales realmente debiéramos trabajar y que son desafíos muy importantes, muy originales, no están siendo trabajados por nosotros.

-¿Cómo se puede lograr que la agenda científica contemple los problemas de la gente que los financia, por ejemplo que un barrio se interese, tome conciencia de que puede exigir a los científicos que miren los temas ambientales que tiene un barrio sin cloacas?

La manera de cómo hace la pregunta está poniendo la responsabilidad de la acción en la gente del barrio y eso nos cabe a nosotros. Tenemos que hacer intención, tenemos que preguntarle a la gente, preguntarle entre comillas, tenemos que hacer todo un trabajo de investigación para saber que de lo que creemos que sabemos puede ser útil. Ahora, ahí hay una cuestión política, ideológica fundamental: no todos los colegas de la universidad: profesores, alumnos, funcionarios, tienen esa visión de que la sociedad tiene que ser igualitaria, responsable en términos ambientales, mas justa, etc. Nosotros tenemos un conocimiento tecnocientífico que es capitalista, con valores capitalistas que lo contaminan, y tenemos que tener una conciencia contaminada también, contaminada con otros valores como la solidaridad, de la autogestión, de la cooperación, los valores ambientales, de género, etc. Todo eso no aparece en la tecnociencia capitalista y por eso quienes piensan diferente tienen un papel muy importante en general, una nueva manera de hacer docencia, investigación y extensión.



-En la UNLP hacemos una división muy marcada entre la investigación, la docencia y la extensión, como si fueran compartimentos estancos: ¿como podríamos superar esas divisiones?

Hace algún tiempo, invitado por Pedro Krosh, escribí un trabajo sobre la extensión en el siguiente sentido: para poner la universidad pública al servicio del público debemos tener la responsabilidad suficiente para empezar una pelea a, que no es una pelea externa con los políticos, con la derecha, sino que es una pelea interna que consiste en disputar la hegemonía dentro de la universidad. Empezando por la extensión supone, justamente, en un primer momento buscar dialogar con los pobres, ver qué es lo necesario para nuestro país, más allá de cualquier nacionalismo pasado de moda. Y entonces a partir de ahí rehacer nuestra agenda de investigación y de docencia, y los planes de estudio.
La propuesta de extensión que estamos desarrollando consiste en hacer una asignatura obligatoria de metodología de extensión. La extensión es una tarea nuestra, es una tarea que empieza con la reforma de Córdoba. En Estados Unidos, en Europa o en Japón, la Universidad puede mantenerse mirándose hacia adentro, dialogando con su ombligo, porque allá funciona el capitalismo, pero acá el capitalismo no funciona y desde el principio del siglo pasado hay una preocupación con la extensión. Nosotros debemos aprovechar los 100 años de la reforma de Córdoba para hacer en la universidad un cambio cualitativo importante, y ese cambio en nuestro entender es una asignatura obligatoria en todas las carreras sobre esta metodología de extensión.

 

Actualizado el 02/04/2018