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Investigación
Subsidian dos proyectos de Exactas que buscan mejorar los cultivos sin modificar su genética
Fundación Williams financiará las investigaciones de Flavio Blanco y Mauricio Reynoso. Utilizan moléculas de ARN para que las plantas resistan mejor el estrés ambiental y necesiten menos fertilizantes.
Flavio Blanco y Mauricio Reynoso

Los equipos del Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM- FCE UNLP- CONICET), liderados por los Dres. Flavio Blanco y Mauricio Reynoso, fueron seleccionados por el programa de  subsidios de la Fundación Williams  entre 1800 propuestas de todo el país, para desarrollar tecnologías que permitirían mejorar el rendimiento de los cultivos sin recurrir a la modificación genética de las plantas.

Los proyectos, que se ejecutarán en un plazo de un año con un financiamiento de 22 millones de pesos cada uno, trabajan sobre una misma base científica: el uso de moléculas de ARN para "instruir" a las plantas a responder mejor frente a distintos tipos de estrés ambiental.


Optimizar la simbiosis entre bacterias y plantas para usar menos fertilizantes


Flavio Blanco lleva más de dos décadas  investigando con moléculas de ARN, las "mensajeras" entre la información genética de la célula y la producción de proteínas. "Hace unos años -explica Blanco-  se descubrió que las plantas son capaces de absorber ARN del ambiente y que, al hacerlo, pueden modificar la expresión de sus propios genes sin alterar su ADN."
Esa propiedad es la que su equipo busca aprovechar. "A diferencia de la modificación genética -una técnica con mala recepción pública por su asociación con los transgénicos-, aplicar ARN desde afuera no modifica la información genética de la planta: solo cambia cuándo y cómo se activan genes que ya están presentes", sostiene el investigador.
En este caso, la aplicación apunta a mejorar la asociación simbiótica entre las plantas leguminosas -soja, poroto, arveja, maní, garbanzo- y bacterias del género rizobio, que les permiten fijar su propio nitrógeno. Cuanto mejor funcione esa asociación, menos fertilizante necesita el cultivo, lo que implica un beneficio ambiental directo ya que los fertilizantes contribuyen a la contaminación de cursos de agua y a la emisión de gases de efecto invernadero.
Para estabilizar y liberar el ARN de forma gradual, el equipo trabaja con nanopartículas desarrolladas junto a la empresa Apolo Biotech, con base en Santa Fe, pionera en la región en la producción de ARN a escala.
La aplicación en el campo podría hacerse por distintos medios -spray, drones o incluso avionetas, según la escala- y el equipo también explora, junto con investigadores del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA), su incorporación directamente en semillas a través de nanopartículas metálicas. Asimismo trabajan en red con especialistas en ciencias sociales que estudian la percepción pública de estas tecnologías, y con juristas que analizan cómo adaptar la legislación argentina a estos desarrollos, que -a diferencia de los transgénicos- no implican modificación genética y podrían tener un marco regulatorio menos restrictivo

Genes que responden a la inundación


El subsidio dirigido por el Dr. Mauricio Reynoso se enfoca en estudiar el rol de genes reguladores que las plantas activan frente a la inundación, un estrés que reduce drásticamente el oxígeno disponible para sus raíces. El equipo ya identificó una serie de reguladores conservados en distintas especies -arroz, tomate y leguminosas- y busca ahora entender su función específica.
"Trabajamos con una especie de la misma familia que la alfalfa y que es más manipulable en el laboratorio, la idea es conocer los reguladores para, más adelante, aplicar también la técnica de ARN para activar preventivamente esos genes y que la planta llegue preparada a un evento de inundación", explica el investigador. 
Reynoso remarca que se trata de líneas de trabajo de largo plazo, sostenidas por proyectos consecutivos y  sustentadas en desarrollos previos de ciencia básica, cuyos resultados de campo exceden el horizonte de un año.

Un contexto de crisis para la ciencia argentina


Ambos investigadores plantearon una preocupación más amplia sobre el estado del sistema científico argentino. "El financiamiento actual está en su peor momento histórico, incluso peor que en la década de 1990 y comparable -o peor- al de la última dictadura militar (1976-1983), período que consideran el de menor inversión en ciencia de la historia reciente del país", destacó Blanco.
Recordaron que hasta hace pocos años existían líneas específicas de financiamiento diferenciadas para ciencia básica (FONCyT) y ciencia aplicada (FONTAR), que hoy fueron reemplazadas por convocatorias centradas casi exclusivamente en la vinculación con empresas.
En cuanto a los recursos humanos, describieron una situación crítica: dificultad para conseguir financiamiento, becas del CONICET reducidas y amenazadas cada año, e investigadores formados que emigran o abandonan la actividad. Advirtieron que ese vaciamiento condiciona la ciencia que el país pueda producir dentro de 20, 30 o 40 años, más allá de la coyuntura política del momento.
"En esta coyuntura, el aporte de la Fundación Williams cobra mucho valor  para seguir investigando, sumado al compromiso del grupo de trabajo que es fundamental para  no cortar la cadena de la producción de conocimiento que,  finalmente, beneficia a toda la comunidad", agradecieron los investigadores

Actualizado el 13/07/2026
 
 
 
 
 
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